Sophia Lvovna Perovskaya

Primera mujer rusa ejecutada por sus actos políticos

Sophia Lvovna Perovskaya (San Petersburgo, 13 de septiembre de 1853 – 15 de abril de 1881) fue la primera mujer rusa ejecutada por sus actos políticos.
Sophia Lvovna Perovskaya
La Perovskaya nació en el seno de una familia aristocrática, era bisnieta del último “hetmán” ukraniano Rasumovski, nieta del que fue gobernador de Crimea durante el reinado de Alejandro I e hija del gobernador de San Petersburgo en tiempos de Alejando II. En 1869 ingresó en la Universidad Alarchinsky para la Mujer, donde comenzó a fraguarse su identidad política; pronto abandonó el seno de su familia, con la que le era moralmente imposible seguir viviendo, a pesar de la negativa y las amenazas de su padre. Finalmente, se marchó de casa a escondidas, ocultándose en casa de unas amigas estudiantes. Se unió al grupo “Tierra y Libertad” y, tras el Congreso de Voronesch, - en el que surgieron dos partidos independientes: “La Voluntad del Pueblo” (Naródnaya Volia) y “Reparto Negro” (Tschorny Peredel) - ocupó el primer lugar de todas las empresas terroristas del Comité Ejecutivo de “La Voluntad del Pueblo”. El 19 de noviembre de 1879 participó en el atentado contra el tren en el que viajaba el zar cerca de Moscú. En el momento decisivo fue ella la que, en unión de Stepan Shiriaiev, se quedó en la casita para anunciar la llegada del tren y dar la señal para la explosión oportuna de la mina. Dio la señal a tiempo, pero no fue culpa suya que la explosión no hiciera descarrilar el tren imperial, sino el de su séquito. En 1881, cuando el Comité Ejecutivo preparaba su séptimo golpe, fue ella quien dirigió a los camaradas encargados de arrojar las bombas, no solo en los días preparatorios, sino también durante el atentado de 1º de marzo. Ella fue la que, debido al cambio de itinerario del zar, modificó el plan entero por iniciativa propia; se debe a ella que el zar Alejandro II cayera víctima de las dos bombas de los terroristas. El 15 de abril de 1881, vestida de negro, esposadas las manos y con una tablilla sobre el pecho en la que figuraba la inscripción “Asesinos del zar”, se la condujo junto a sus camaradas al lugar de ejecución convirtiéndose así en la primera mujer rusa ejecutada por sus actos políticos.