¿Ruidotón?

De la escucha privada al main stage de Coachella: el triunfo imparable del reggaetón

Las paredes del baño adornadas por garabatos de extraños que quisieron marcar su paso por el local retumban al son de los altavoces de la discoteca. La mezcla de electrónica que pincha el DJ, anónimo para los asistentes de esa noche, los ha empujado a tomarse un descanso del intenso perreo que protagonizaban hace escasos momentos. Una sola frase será el disparo de salida del sprint que realizan desde los servicios hasta la pista. Súbele el mambo pa’ que mis gatas prendan los motores, enuncia Daddy Yankee en el sencillo que le catapultó a la fama y que utiliza ese DJ sin nombre para salvar su set. Esta es la premisa de los vídeos virales que les millenials tardíes y la generación Z no paramos de reciclar y compartir en nuestras redes. Transmitimos un cariño sin tapujos hacia un género que era despreciado hasta no hace mucho. ¿Qué ha cambiado para que ahora nos guste el reggaetón?

Machismo + ruido = ¿reggaetón?

Olga Sotomayor Arévalo recuerda una infancia feliz, a pesar de la situación de sus padres, dos migrantes peruanos que llegaron aquí en 1995 acompañados de sus entonces tres hijos. Olga y su hermano mellizo nacerían dos años después y crecerían en España. “Gasolina fue la primera canción de reggaetón que escuché. Mi hermano mayor Will siempre nos ponía música para que nos calmásemos”, cuenta Olga al rememorar la aceptación que existía en su entorno en cuanto al reggaetón y al resto de géneros que, aun guardando diferencias abismales entre ellos, se engloban en la categoría “música latina”. Con el paso de los años, la vergüenza crecería en una adolescente Olga de solo pensar que alguien escuchase las canciones que fueron la banda sonora de su niñez. Compartir sus gustos musicales se convirtió en algo impensable desde que una de sus amigas españolas del instituto le exigiera quitar una canción porque detestaba el género. Eran años de canciones como Barquito de Tito el Bambino, cuya letra sí cantaban las amigas que hizo Olga después de esa traumática experiencia.

También era un periodo en el que artistas como Don Omar, Wisin y Yandel, y Daddy Yankee empezaban a introducirse en el panorama musical español. “David Civera y David Bisbal se unieron a estos reggaetoneros y dieron el último el golpe para que entrase el reggaetón”, recuerda Willian, el hijo mayor de los Sotomayor Arévalo. Su adolescencia coincidió con la explosión del género en España y con el auge de las críticas hacia el mismo. El reggaetón empezaba a ser tachado de “machista” e incluso se despojaba al género de su musicalidad. Se consideraba “ruido”. Tanto Willian como Olga argumentan que “para gustos los colores”, pero insisten en que un género que se introdujo en el panorama español con Papi Chulo de Lorna y que cuenta con infinidad de canciones “no puede considerarse machista en su totalidad”.

El periodista musical Víctor Lenore atribuye estas actitudes a prejuicios relacionados con una mentalidad colonial y que se reforzaron tras la dictadura. “Después del franquismo, se identificó la idea de modernidad cultural con Europa. Por ejemplo, lo que procede de Londres tiene un prestigio de serie que no tiene lo latinoamericano. Especialmente la música de bailar”, explica Lenore. Añade la existencia de un sesgo clasista en el concepto de buen gusto, ya que nuestra concepción de alta cultura no pasa por compartir gustos culturales “con el mensajero o con el señor que lleva el locutorio”. Lenore apunta que la “profunda tradición católica” existente en España empuja a considerar el cuerpo como un estrato menor al alma, de manera que la explicitud de las letras reggaetoneras escandaliza al público y se confunde con machismo. Además, hay que considerar que la llegada de bandas latinas en los años 2000 afectó a la población latina en su totalidad. Se trata de un caso ejemplarizante del concepto marca plural de Shohat y Stam: se generaliza a un colectivo a partir de las acciones de algunos de sus miembros. “Relacionaban el reggaetón con los latin kings, con todo lo chungo”, sentencia Olga.

Despacito y otros gérmenes de la fiebre reggaetonera

El cambio generacional y el crecimiento demográfico de la población latina han creado una nueva actitud hacia el género que se diferencia del inmovilismo de la crítica. Lejos de considerar al reggaetón como un género sin valor cultural, las nuevas generaciones esperan ansiosas el siguiente sencillo de Bad Bunny desde que el reinado de 16 semanas de Despacito en el Billboard Hot 100 y el éxito posterior de J Balvin con Mi Gente proclamara al género como algo más que una fábrica de “canciones del verano”. Basta con observar que las primeras 5 canciones del Top 50 Spain de Spotify son de reggaetón. Junto a YouTube, ambas plataformas han contribuido al crecimiento del género: el streaming, emparejado con los algoritmos, han cementado a las reproducciones como sinónimo de un éxito que el reggaetón ha alcanzado fácilmente.

 

En este nuevo pan