Mujeres luchando en Jaén el 8 de Marzo

La manifestación por el 8M en Jaén supera la de años anteriores contando con la presencia de muchas mujeres que no se van a rendir ante las adversidades

Autoría: El artículo está escrito por @OlgaGay14, que también nos ayudó a cubrir la manifestación en Jaén.

Un año más, como cada 8 de marzo, tengo sentimientos encontrados. Para mí, es mi segundo año participando de una manera más activa en esta lucha, saliendo a las calles. Digo que tengo sentimientos encontrados porque por un lado me siento orgullosa de poner mi granito de arena poniendo mi voz y mi presencia en las calles de Jaén, pero por otro lado considero que luchamos por cosas que deberíamos haber tenido desde siempre y por ello es una gran injusticia. Me siento muy afortunada de seguir viva, de poder seguir participando en esta lucha, que deberíamos luchar todas. Ya que otras muchas compañeras, otras muchas hermanas, no han tenido la misma suerte que las que hoy luchamos pues se les arrebató la vida injustamente. Por otro lado, me siento dichosa por poder dar voz aquí a Jaén, una ciudad pequeña y que a veces no se toma muy en cuenta.

Este 8 de marzo mi huelga no comenzó desde temprano, pues tuve que acudir a dos clases a la universidad. Me hubiera gustado no acudir, estar presente en concentraciones que se hicieron esa misma mañana, pero me fue imposible. Una vez en clase, a punto de terminar esas interminables horas, con ganas de llegar a casa y ponerme a preparar pancartas para la manifestación de por la tarde, oí unos gritos. Cada vez esos gritos se hacían más fuertes y se escuchaban cada vez mejor. Exacto, eran compañeras feministas que ya habían comenzado sus protestas. Me fue imposible no sonreír en ese momento. El profesor -más que otra cosa- lo único que hizo fue cerrar la ventana que quedaba abierta para que no se escucharan los gritos desde dentro de clase. ¿Lo consiguió? La respuesta es no. Ellas eran y son más fuertes que unas ventanas cerradas o unos muros. Los gritos se siguieron escuchando durante unos segundos más hasta que se fueron alejando. Estaba emocionada, no podía evitarlo. Desde que me desperté ese día me sentí así, emocionada. Emocionada al recordar a las que ya no están, a las que no podían hacer huelga ese día porque perdían el trabajo, a todas aquellas que viven una situación de violencia cada día de sus vidas sin ser escuchadas por nadie. Sabía que ese día íbamos a luchar por todas ellas.

Imagen de la manifestación en Jaén, realizada por @OlgaGay14.

Después de comer vendría mi hermana pequeña para venir conmigo a la manifestación. Me puse a hacer las pancartas que llevaríamos a la manifestación. Tenía ganas, tenía muchas ganas de que llegara por fin la hora de salir a las calles, de estar rodeada de mujeres de todas las edades, de todas las condiciones, de todas las razas. Tenía ganas de sentirme segura rodeada de desconocidas que en momentos como estos es como si nos conociéramos de toda la vida. Pero el día se tornó un poco más triste. Nuestra compañera Alba (@altyles) nos contó que habían asesinado a una mujer ese día. Leí la noticia y se me partió el corazón. Un hombre, un hombre cobarde, había asesinado a su mujer y después se había suicidado él. Le arrebató la vida a su pareja, le quitó los años de vida que le quedaban porque él quiso, para después quitarse la vida él. Aquel día, los gritos también irían por ella. Mientras escribía las pancartas empecé a recordar muchos momentos en los que he sufrido este tipo de violencia en mi vida. Por suerte, yo no he vivido momentos tan duros como los que estoy segura que han vivido otras mujeres e incluso amigas mías pero la cuestión es que NINGUNA de nosotras debería vivir ni la más mínima muestra de esta violencia.

Llegaron las seis de la tarde, llegó la hora de la lucha. Salimos a la calle, con los labios pintados de morado, con nuestras pancartas, y, sobre todo, con muchas ganas de luchar por nuestros derechos, derechos que siempre deberíamos haber tenido. Incluso derechos que tenemos y que ahora algunos nos quieren arrebatar. Veía en las calles a muchas personas vestidas de morado, niñas con pancartas caminando deprisa para no llegar tarde. Conforme nos íbamos acercando al lugar de la manifestación el número de personas crecía. Los autobuses subían repletos de gente, las calles cercanas al lugar de encuentro cada vez con más gente con pancartas, banderas, lazos morados, las caras pintadas… cualquier símbolo hacía que la piel se me erizara. Mi madre también había acudido a la manifestación. Creo que era la primera vez que venía a una y no podía estar emocionada. Ella había llegado antes que nosotras y ya nos estaba mandando fotos y vídeos.