El desastre de Andalucía.

Tras el batacazo electoral del PSOE y Adelante Andalucía, la gran preocupación es la entrada de VOX en el parlamento andaluz. Ante esta nueva situación, hay multitud de análisis que buscan dar una explicación al resultado de los comicios.

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones andaluzas y sus resultados arrojaron un jarro de agua muy fría a la izquierda española. En primer lugar, tanto PSOE (que a pesar de su giro al liberalismo se le sigue viendo como a un partido de izquierdas) como Adelante Andalucía (PODEMOS + IU) han caído de manera histórica en el que durante unos cuarenta años fue “el feudo del PSOE”. A esto hay que añadirle la irrupción de VOX, partido de ideología fascista, al parlamento Andaluz.

Las reacciones desde esa izquierda (y el PSOE) han sido muy variopintas, desde el negacionismo de Susana Díaz que se no ha querido aceptar todo lo que ha perdido en Andalucía, los que en el pasado liquidaron la movilización obrera y ahora claman por la lucha antifascista en la calle, y los que han recurrido al nuevo argumento de la diversidad y las identidades como única causa de todos los desvaríos de la izquierda.

La Trampa de la Diversidad

El argumento de La Trampa de La Diversidad que Daniel Bernabé redactó primero en un artículo de La Marea y posteriormente en un libro (ambos con el mismo nombre), arrojaban un análisis necesario sobre un problema importante en la izquierda. En ambos se habla de cómo el neoliberalismo había copado las luchas transversales y la izquierda, cómo se ha perdido el discurso de clases, y los motivos por los que está siendo tan letal para ella misma. El análisis era necesario sin duda alguna, pero esta trampa ha derivado en un escudo para ciertos sectores de la izquierda para encubrir su odio hacia ciertos sectores del proletariado (las mujeres, los inmigrantes, el LGTB, etc.), y para evitar la incómoda pero necesaria autocrítica más allá de la identidad.

Por poner un ejemplo, cuando Jair Bolsonaro ganó las elecciones el pasado mes de octubre, ya hubo ciertas voces individuales que echaban la culpa a la diversidad por la derrota del Partido de los Trabajadores, pero no decían nada más, parecía como si la responsabilidad de la derrota en Brasil fuera de la diversidad y no por un golpe de estado contra la presidenta legítima, un montaje judicial contra el único candidato que podía haber derrotado a Bolsonaro, y un partido socialdemócrata, que como es natural, no rompió con el sistema capitalista por completo.

Curiosamente, si nos remontamos a cualquier proceso reaccionario surgido antes del famoso libro de Bernabé, nadie habla entonces de la diversidad. Cuando en Ucrania sucedió el Euromaidán y dieron el golpe de estado contra Yanukóvich, quienes estaban pendientes de aquel proceso tuvieron muy claro que la explicación del golpe fueron fascistas financiados por la Unión Europea y por Estados Unidos. Si nos vamos a las primaveras árabes, el análisis es muy similar, ¿por qué ahora parece que la única responsabilidad de las victorias fascistas son responsabilidad del sector diverso del proletariado?

Como he dicho anteriormente, la crítica de Bernabé era totalmente necesaria y estaba bien fundamentada, pero ha cometido el peor de los errores que podía cometer. Y es que en lugar de crear un debate sano y generar unas posturas que sirvieran para solventar auténticas barbaridades que se están haciendo desde la izquierda (como llamar opresor a todo el mundo banalizando este concepto), lo que ha hecho ha sido avivar la lucha de taifas en la que la izquierda lleva sumida desde los tiempos del franquismo (y podríamos ir más atrás).

¿Qué ha salido mal?

Para saber qué ha salido mal, un buen comienzo sería analizar los datos y el primer dato llamativo es la cifra de abstención. Si alguien ha sido el vencedor (además de la extrema derecha) ha sido la abstención (41,35% aproximadamente), y esta abstención aumenta especialmente en las regiones