El chalet de papá y mamá

¿Qué determina la clase a la que perteneces?

Estos días ha corrido como la pólvora el nuevo chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero, y con ello, una ola de críticas desde la propia izquierda. Tras todos estos hechos, he decidido contar mi historia y mi opinión sobre todo esto — que no sobre Pablo e Irene, que me es totalmente indiferente su situación personal. Ojalá el problema de Podemos fuese este y no ideológico.

Jamás he conocido un piso viviendo con papá y mamá, aunque ellos sí lo vivieron.

Papá vino solo desde una aldea de veinte vecinos en Ourense con quince años, y con 5.000 pesetas, que le dio mi abuelo, en el bolsillo. Papá vino a Madrid hacinado, con otras cuatro personas más, en un 600 que se recalentaba cuando pasaba de 80 km/h. Papá vino buscando un futuro en la capital que en aquella aldea jamás podría tener. Mamá, sin embargo, ya vivía en Madrid. Pero desde los trece años, trabajaba cargando fardos de periódicos en camiones los fines de semana para llevar dinero a casa. Y hasta se ofrecía a repartir esos fardos a cambio de poder llevar más dinero a casa, llegando por la noche de trabajar con tan solo tree años. Eso se repitió durante años; estudiar y trabajar. Hasta que solo quedó trabajar, porque el abuelo dijo que mamá necesitaba trabajar jornada completa para llevar dinero al piso de Villaverde donde vivían, y si iba a la universidad, eso no podía pasar. Papá vivió compartiendo un apartamento diminuto que no tenía baño en la Plaza de la Cebada. Se duchaba en frente de casa, en las duchas públicas que había en la plaza. Pero papá no se quejaba, porque papá podía enviar dinero a los abuelos, y eso era más importante que poder tener un baño propio donde asearse.

Mamá repartía octavillas del PCE en plena dictadura con apenas quince años. Papá por entonces se colaba por un lateral del Vicente Calderón por ver a su Atleti, preso de la ignorancia provocada por haber salido tan joven de su aldea y solo haber conocido el trabajo de sol a sol.

Mamá llegaba cada noche a casa después de trabajar y veía en frente de su casa, el inmenso poblado gitano que había. Donde las personas gitanas vivían en unas condiciones de miseria y extrema pobreza, sin ningún servicio básico. Papá llegaba cada noche a casa después de trabajar y veía la pobreza, precariedad y represión de “los grises” en su barrio de La Latina.
La nueva casa de Pablo Iglesias e Irene Montero.

Papá y mamá se conocieron trabajando en el barrio del Pilar — donde mamá y papá tenían casi dos horas de trayecto en transporte público para poder llegar al trabajo. Se casaron y se hipotecaron por un piso en Fuenlabrada. Papá y mamá se iban a trabajar a las 5 de la mañana y volvían a casa casi a las 22 todos los días. Salvo los domingos. Mientras tanto, el primo de papá montó un negocio que arrastró a papá para que los dos fuesen a la mitad. Papá y mamá lo vieron con buenos ojos. La familia es algo de confianza — decían — y así, además, evitarían la explotación por parte de un jefe. Meses después, por unas cosas y otras, el primo de papá no le daba a papá el 50% que le correspondía, papá sí — tenían dos establecimientos. Y los problemas empiezan a llegar. El primo de papá vivía “a todo tren”; anillos y cadenas de oro, coche nuevo y abrigos de visón. Ya había nacido mi hermano — con quien me llevo 12 años — y mamá se había quedado en casa para atenderle entre semana, los abuelos le cuidaban el sábado