El bullying: ese gran monstruo

El bullying es un problema del día a día, que sufren muches niñes, y que muchas personas le quitamos la importancia que verdaderamente tiene

El bullying es un acoso continuado, en este caso en el contexto escolar, por parte de una o varias personas hacia otra u otras.

Pero antes de hablar del bullying, debemos diferenciar entre bullying y violencia. El criterio para diferenciarlas es sencillo y está relacionado con la frecuencia: la violencia ocurre "alguna vez", sin embargo, el bullying ocurre "frecuentemente". Es lo sistemático, además de la intencionalidad de hacer daño a la otra persona - que normalmente suele ser más "débil" -, lo que caracteriza al acoso. En este caso, al acoso escolar. Tal y como se indica en este artículo -cita de Olweus, 1998-, la situación de acoso e intimidación queda definida en los siguientes términos: "Un alumno es agredido o se convierte en víctima cuando está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas que lleva a cabo otro alumno o varios de ellos. En esta situación se produce también un desequilibrio de fuerzas (una relación de poder asimétrica): el alumno expuesto a las acciones negativas tiene dificultad para defenderse y en cierto modo está desvalido frente a quienes lo hostigan".

Desde hace no mucho tiempo los medios se han hecho eco de diversos casos de bullying. Uno de ellos terminó de la manera menos deseable. El adolescente, de 16 años, se suicidó por culpa del bullying que le hacían en el instituto. ¿Y de quién es la culpa? Digamos que la "culpa" se puede repartir, pero sabemos de quién sí que no es, del niño que se suicidó. Imaginémonos por un momento hasta qué punto estaría sufriendo este niño, para tomar una decisión tan definitiva, acabar con su vida. Al contrario de lo que todo el mundo piensa, no es una decisión cobarde. Cuando tomas la decisión de acabar con tu vida, no es porque quieras morirte. Cuando te suicidas lo que quieres es acabar con todo el sufrimiento que estás teniendo, nadie quiere morirse, solo quiere dejar de sufrir. Así que, imaginémonos cuánto sufrimiento tendría este menor y cuánto sufrimiento tienen en sus vidas otres niñes y adolescentes cada día.

Este niño, escribió una carta antes de suicidarse con palabras como "Mamá, me voy, no aguanto más, me roban, me hacen la vida imposible".

El suicidio es la segunda causa de muerte en personas de entre 15 y 29 años, según indica la OMS. Por tanto, ¿no deberíamos tomarlo como lo que es, algo muy grave e importante en adolescentes y jóvenes? 

Recientemente, una jueza sentenció que los insultos reiterados por parte de un grupo de niñas hacia otra cada vez que se la encontraban "no era bullying". Ante esto solo cabe preguntarse por qué no se considera como tal si cada vez que la veían le decían palabras como "calva", "sidosa" y "asquerosa". ¿Cómo no iba a sentirse esta niña acosada? ¿Cómo iba a tener ganas de ir día a día al colegio, un lugar que debería ser agradable para ella? No podemos evitar pensar que, si hasta en el procedimiento judicial se defienden estas actitudes, ¿cómo no se van a sentir les niñes desamparades?

Un relato personal

Como en muchos de mis artículos, siempre me gusta incluir un relato personal, un relato de alguien que haya pasado sobre ello. Por ejemplo, cuando hablé de la esquizofrenia. En este caso el relato es personal e intransferible, sufrido en primera persona, desde que iba al colegio hasta prácticamente cuando terminé el instituto. Estuve mucho tiempo pensando si este relato debería ser anónimo, pero me decidí a que no lo fuera, por todes aquelles niñes que, como yo, no hablaron o no hablar por miedo.

Es importante destacar que el bullying no siempre tiene por qué ser extremo, en el momento en el que un niño o niña sienta acoso, se sienta mal y ya no tenga ganas de ir al colegio, digamos que en ese momento, ya se convertiría en acoso. 

Cuando yo tenía aproximadamente 7 años, empecé a ver cómo ciertes niñes de mi colegio me señalaban, al principio cuchicheaban, pero después empezaron a gritarme. Me llamaban "palillo", "Betty Spaghetti", y demás insultos que yo no lograba entender. Al principio pensaba que era porque les caía mal, pero tampoco entendía por qué. Yo siempre fui una niña muy callada, por lo que no se lo contaba a nadie, todo el mundo lo veía, pero supongo que toda esa gente tenía suficiente con lo suyo. A mi vecina de enfrente la llamaban "vaca", "pechugona" e insultos de ese estilo. Y ella, en su defensa, insultaba a los demás, en este caso a mí, por mi cuerpo. 

Yo siempre fui así, desde pequeña, pero cuando las niñas iban siendo un poco menos delgadas, yo seguí siéndolo, aunque no creía que fuera nada anormal. Me costó ver cómo, daba igual la razón, si tenías algo "diferente" se iban a meter contigo. Al final se repetían los días, las semanas, los meses. Y yo, como niña, cuando llegaron los 10 años, dejé de ponerme cierta ropa cuando iba al colegio, me daba vergüenza que vieran mis piernas, porque me decían que eran palillos, no quería que vieran mis huesos de los hombros, que yo decía que eran una marca de nacimiento, y así con incontables "imperfecciones" de mi cuerpo. Pero había una frase que llevaba rondándome desde la primera vez que me insultaron, "¿por qué a mí?". Llegaba a casa y me lo preguntaba, siempre me lo pregunté. Nunca pude entender qué había hecho mal para que me hicieran sentir tan mal con algo de mi que no podía cambiar.