El 8M, un infierno para las trans

La rápida evolución de la transfobia dentro de los espacios feministas y cómo se desarrollo la marcha del 8M

Hace un año aproximadamente empezaba una escalada de violencia contra las mujeres trans desde el feminismo, que no se veía desde los tiempos de Janice Raymond y Sheila Jeffreys. 

Aunque el año pasado el 8M no fue mucho mejor que este, si que hubo cierto miedo desde las élites capitalistas a que el movimiento feminista virase hacia "mareas más rojas y menos propicias". Sin ir más lejos, Inés Arrimadas se desmarcó el año pasado de la convocatoria por el presunto carácter "anticapitalista" que podía tener. El PP tampoco se declaró a favor de la movilización y el PSOE secundó el paro parcial de CCOO y UGT, pero no el paro total que habían convocado CNT y CGT.

Tras la convocatoria, se vio que aquellos miedos a un proceso auténticamente revolucionario se habían exagerado, sin embargo, había que controlar aquello para evitar que el feminismo se convirtiera en un puente hacia el marxismo, como nos ha pasado a muchas. Las TERF (Trans Exclussionary Radical Feminist) fueron esa herramienta de control. Y la herramienta ha sido muy útil.

Tras el 8 de marzo, empezaron a crecer numerosas boceras de la transfobia, y a propagar su mensaje por las redes sociales. Quizá el nombre más conocido sea el de Lidia Falcón y su chiringuito personal, el Partido Feminista de España. Ella y otras activistas difundieron numerosos bulos (que venían incluso de fuentes fascistas), como que las trans queríamos que se cambiase el término vagina por agujero delantero, mito que fue desmentido casi inmediatamente (es lo que tiene que tu fuente sea el mismo que asegura que ETA estaba detrás del 11-M).

Aunque parecía que en un principio todo aquello se quedaría en Redes Sociales, pronto se materializó, primero en Reino Unido, donde estas fanáticas boicotearon la marcha del orgullo y repartieron propaganda transfóbica.

Pancartas en las que se puede leer "Lesbiana, no Queer", "Lesbiana = Hembra Humana" y "Los transactivistas borran a las lesbianas" (Fuente: Out.com)
Pancartas en las que se puede leer "Lesbiana, no Queer", "Lesbiana = Hembra Humana" y "Los transactivistas borran a las lesbianas" (Fuente: Out.com)

La respuesta en redes fue inmediata, y se vio cómo aparecieron diversos movimientos de defensa de las personas trans, o de hermandad entre las trans y las lesbianas. Prueba de ello es el Hashtag #LwiththeT(L con la T).

En España tardó algo más en materializarse, pero finalmente sucedió. Primero empezaron los conflictos en los espacios feministas, en los que las TERF atacaban tanto a las trans (a quienes nos increpaban o bien por no ir "suficientemente fememinas" o bien por ir demasiado femeninas y "perpetuar los roles de género") como a cualquiera que no casara con su discurso. El primer gran enfrentamiento lo protagonizó el Partido Comunista de España, al invitar a una ponente abiertamente tránsfoba a una charla.

La tensión no ha parado de aumentar desde entonces, quienes hemos tenido un mínimo de contacto con el entorno feminista, hemos visto cómo se ha echado a compañeras, o a nosotras mismas de charlas en las que no podíamos entrar porque más de una no pasó de la biología de la ESO, se ha insultado y se ha vejado a toda persona que defendiese a las mujeres trans, e incluso se han llegado a difundir historias de "reconversión" de mujeres que creían que eran hombres trans, todo al más puro estilo ultracatólico. Recordemos que científicamente no es posible definir el género en base a genitales ni genoma ni hormonas.

Ante esta situación, varias mujeres tomaron la decisión de montar un bloque clandestino el 8M dentro del bloque no mixto, que fuera seguro para las mujeres trans. No tardó en filtrarse la existencia de este bloque, y pronto la organización se puso en contacto con nostras, y saltó la siguiente polémica: las trans debíamos ir identificadas al bloque no mixto. Como integrante de ese bloque, confirmo que esto es verdad, que desde la fracción TERF-fascista del 8M se nos puso ese requisito, y eso viniendo de las más magnánimas.

Todas teníamos miedo de lo que podía pasar aquel día, especialmente las mujeres trans que no hemos modificado nuestro cuerpo o lo hemos hecho mínimamente (láser, hormonas u operaciones). Afortunadamente, no hubo incidentes mayores, al menos en Madrid. Pero esto no implica que todo lo anterior no haya pasado, o que nos tengamos que olvidar.

El problema del feminismo transfóbico ha visto su mayor escalada desde su nacimiento a finales de los años 70. Pero lo peor de todo es que las que tienen más voz para denunciarlo, lo único que hacen es barrer la suciedad debajo de la alfombra