De gustibus non est disputandum: el rechazo sistemático a las personas trans*

¿Rechazar a una persona trans* es una elección personal o transfobia?

Las redes sociales, en tanto que conectan a los seres humanos y les permite mantener conversaciones a personas muy distantes entre sí, acostumbran a ser lugar de todo tipo de debates. Es algo inevitable y qué sucede, que a veces esos debates no son agradables y quizá ni siquiera deberían considerarse debates, sino discusiones. Cualquier persona usuaria de Twitter, y, por lo general, que pertenezca al colectivo LGTB y al transgénero concretamente, no negará que una de las mayores discusiones se realiza en torno a la eterna pregunta: ¿es transfobia rechazar a una persona transgénero?

Hace unos meses, curioso por saber qué pensaban mis seguidores de Instagram al respecto, decidí subir unas historias a mi perfil. En ellas, la pregunta era simple: ¿Que te deje de gustar una persona trans* por sus genitales, es…? Las opciones eran dos: gustos personales, o transfobia. También abrí la posibilidad de entrar en debate a través de mis mensajes privados, para conocer qué opinaba la gente en mayor profundidad. Por suerte, un 80% por cierto opinó que era transfobia. Pero existe ese otro 20% que opinó que eran gustos personales y entré en debate con más de una persona que defendía su postura. Es a raíz de esto que nació mi necesidad de escribir un artículo al respecto, el cual estáis leyendo ahora mismo.

Empecemos por el principio: sí, rechazar a una persona transgénero por el hecho de serlo, es transfobia. Es, además, deshumanizante, por el hecho de que estás reduciendo a una persona a sus genitales, cuando estos ni tan siquiera son determinantes del género de la persona. Existen hombres con pene y hombres con vagina. Como mujeres con vagina y mujeres con pene. Obviando, por un lado, todas las posibilidades que existan en el caso de una persona intersexual, y, por otro lado, la existencia de las personas de género no binario. No vamos a entrar, sin embargo, en como se construye el género de una persona, en qué se basa, ni como funciona el sistema sexo-género. Eso, quizá otro día.

Lo que hoy nos ocupa es la explicación de por qué se considera transfobia y no gustos personales que una persona pueda preferir a una persona cis por encima de una persona trans* (si es que esto ya no suena mal), y, no solo eso, sino también por qué motivos la gente que defiende que es tan solo una cuestión de gustos está tan convencida de ello. Sí, existe un motivo, o quizá varios, que nos permitan entender esto, y, quizá, ayude a más de una persona a cuestionar dichos “gustos personales”, darse cuenta del error, y deconstruirse en esta materia.

Una sociedad cisheteronormativa

Para poder comprender todo esto, debemos ir a la base del asunto, para después poder ir ascendiendo y llegar al centro de la problemática en cuestión. Debemos cuestionar de donde viene todo, esto es, ir al origen, donde se generan todas las ideas que llevan a este rechazo: la sociedad