Ágape, Eros, Philia: distintas formas de amar.

El amor, el erotismo y las relaciones en la Antigua Grecia.

La cultura griega antigua es uno de los mayores objetos de estudio de las Humanidades habidos y por haber. Y no es en vano, pues por algo se considera uno de los orígenes de las civilizaciones europeas. De ella hemos tomado muchos referentes, como su literatura y su filosofía, y, en especial, la religión y mitología, que tantas apariciones tiene en manifestaciones culturales posteriores. Uno de los mayores intereses que ha podido suscitar la cultura griega, es como entendían las relaciones amorosoas y eróticas. En una época de reivindicación LGBT, se defiende con orgullo las prácticas homoeróticas que se llevaban a cabo, tanto entre hombres como entre mujeres. Pero, ¿qué se sabe de todo esto? ¿Se daban las relaciones entre personas del mismo género de igual manera y con el mismo objetivo que hoy en día? ¿Qué sucede con las relaciones heterosexuales, y las personas bisexuales?

"No amamos a nuestros padres de la misma manera que llegamos a querer a una pareja, a un hermano, o a un amigo"

El título del artículo ya nos menciona que los griegos no entendían el amor como una única cosa, sino que existían distintas formas de amar. Esta referencia va más allá de la distinción entre homosexualidad y heterosexualidad. No amamos a nuestros padres de la misma manera que llegamos a querer a una pareja, a un hermano, o a un amigo. El tipo de relación determinan el tipo de aprecio que sentimos por una persona, y se generan así formas diferentes de amar. En Antigua Grecia, esto también se tenía en cuenta, por lo que, referir al amor con una sola palabra podría resultar insuficiente. De esta manera, el griego tiene distintas palabras para las distintas formas de amor que existen: ágape (ἀγάπη), eros (ἔρως), filia (φιλία) y storgé (στοργή). En cuanto a relaciones heterosexuales u homosexuales, por todos es conocido que ambas se llevaban a cabo en aquella época. Sin embargo, quizás el filtro con el que miramos estas prácticas no es el correcto, pues no podemos entender aquellas relaciones comparándolas con las actuales. Ya los términos “homosexualidad” y “heterosexualidad” no son correctos; suponen un anacronismo. Estos fueron acuñados en el siglo XIX. En la Antigua Grecia, sin embargo, y como veremos, se hablaba de homoerotismo con fines educativos. Con todo, por convención social usaremos los términos actuales, para una mayor comprensión de la materia, pero debemos tener claro que es incorrecto hablar de estas sexualidades en dicha época.

Ágape, eros, filia y storgé

Vayamos por partes. Como hemos dicho, cada relación requería de un tipo de amor diferente: el amor erótico que podía unir a una pareja no era el mismo que el amor puro que se daba entre padres e hijos. Existían toda una serie de matices, que los conciudadanos griegos etiquetaron con diferentes términos. Los más conocidos són "ágape" y "eros", pero se conoce que eran varios más, tratados no solo a nivel social, sino también desde la propia filosofía.

Eros

Quizá el "eros" o amor erótico sea la forma más reconocida por todes. Aunque reconocemos más el Eros, en mayúscula, por la divinidad, y no por el tipo de amor que representa. Eros es el dios masculino del amor, sin olvidar la divinidad femenina, Afrodita, a la cual siempre acompaña. Es una divinidad de la cual no se conoce un origen concreto, como puede suceder con el resto de dioses de la mitología grecorromana. El autor Hesíodo, en su Teogonía, defiende ser un dios primigenio, aunque la tradición posterior ha llegado a considerarle hijo único de Afrodita, sin figura paterna, siendo estos los motivos que le llevan a acompañarla siempre. Eros es el dios del amor, el más hermoso de los inmortales, y Hesíodo nos dice que "afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos" (Hesíodo, Obras y fragmentos, 1990). Por tanto, eros, en minúscula, se relaciona con un amor pasional que ciega al hombre, en pos de un deseo carnal, de placer, un arrebato de locura que prevalece sobre la razón (Cascante, 2010). Se trata de una locura pasional momentánea, que tiende a evadirse una vez consumado el deseo, y esa locura, que bloquea nuestra "sensata voluntad", puede llevar al desastre absoluto. Contemplemos, por ejemplo, el mito de Apolo y Dafne. Eros, irado por la soberbia de Apolo, decidió travesar al dios con una de sus flechas, y a la musa, con una flecha distinta, que la hacía huir del amor. El amor pasional que embriagó a Apolo le hizo ir tras ella, hasta que las divinidades, para salvarla, la convirtieron en un árbol (Ovidio, 2003).  Por tanto, el eros puede ser maligno, y causar el sufrimiento